Dejen que el viento cierre la puerta y los árboles se mezan como una bailarina
Feliz en su presentación.
No pretendan cambiar el lenguaje de los hombres y su placer, ni mucho menos el dolor de
Sus pies por las calles desabitadas en las noches de fiesta.
Las florecitas cerca a la puerta han dejado siempre el olor de mi nombre,
no dejen que el viento cierre su hojas gruesas por esperar el aroma de los hombre,
que descienden brillando sus herramientas con su palabras.
no hay silencio sin ver como volvemos al mismo lugar sin dejar el tiempo
y consolar nuestras manos agitadas por los tambores y el aguardiente.
si hubieras callado cuando se cerraba la puesta,
los músicos, las bailarinas que dejaban sus destellos en la pared y consolaban a los hombre
se hubieran esparcido por las diferentes constelaciones debajo de la tierra.
que hubiera pasado con el caballo, el sombrero, la voluntad del hombre inpredicible por
los demás hombres y sus trajes .
Nada- no lo creo
El día se había llevado el instante mismo de la caricia de tu voz y con el los árboles lujosos de Rivera y la fuerza de Génesis ante las manos desgastas por la calle y los vecinos y los hombres y las letras que se esconden en el río.
Es extraño volver a la fiesta y reconocer lo muebles, las cortinas nueva regaladas o compradas al otro lado del río, los asientos de madera construidos por los abuelos de los abuelos, de los abuelos, la pista de baile y la puerta con su forma de figuras geométricas y diálogos, susurros de amor. Es extraño, el tiempo no es el tiempo en una fiesta, es tan solo la oscuridad de la vejez, de la partida, de la sinrazón de los bailarines.
No procuren terminar nunca con la fiesta de los hombres
Invíteme siempre para poder apreciar sus ojos de jaguar y su danza
Por que no habrá otra en otra cuidad mejor que esta.
BENEDICTO CASARES
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